DOI: https://doi.org/10.25058/20112742.199

Ulrich Oslender
uoslender@geog.gla.ac.uk
Universidad de Glasgow

Hace poco volví a ver el documental sobre la «guerrera de la Candelaria» en Rio de Janeiro, una señora de clase media quien se dedica a trabajar con los niños de la calle en la «cidade maravilhosa». No dejan de impresionar las condiciones de abandono, abuso e indiferencia en que viven miles de estos niños, sin ninguna oportunidad de cambiar las fortunas de sus vidas encerradas en un ciclo diabólico de pobreza, falta de educación, hambruna y alcoholismo. Siempre me arrancan lágrimas de burgués adolorido estas caritas sonrientes que esconden las tristezas más insospechadas de niñez olvidada. ¿Qué tiene que ver esto aquí en la reseña de un libro sobre la historia del Movimiento de los Trabajadores Rurales «Sin-Tierra» (MST) en el Brasil? Pues mucho. Es la intención de este movimiento la transformación de la sociedad brasileña en su totalidad que no solamente garantizaría tierra para los campesinos que la trabajan, sino también oportunidades de construir una vida digna en el campo a los pobres de las ciudades que viven en condiciones de la más abominable marginalidad. Es esta visión –utópica la llamarían los cínicos y los ciegos aparentemente contentos con el status quo– que hace del MST, según el historiador británico Eric Hobsbawm, el movimiento social más ambicioso en la América Latina contemporánea.