«Pensar lo colonial»: estudios coloniales, crítica poscolonial, giro decolonial

Editores invitados:
Laura Catelli ,Instituto de Estudios Críticos en Humanidades, Universidad Nacional de Rosario, CONICET, Argentina
Alejandro de Oto, CONICET- Universidad Nacional de San Juan, Argentina
Mario Rufer, Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco, México

Este número estará centrado en el tema de «Pensar lo colonial»: estudios coloniales, crítica poscolonial, giro decolonial. Los artículos que se presentaran en el número 29 de nuestra revista se articulan alrededor de una pregunta matriz. A varios años de la circulación de la crítica poscolonial anglosajona y del giro decolonial latinoamericano: ¿Qué es lo colonial en los estudios poscoloniales y en el giro decolonial? En producciones de diferente tenor argumentativo leemos aseveraciones similares: para la crítica poscolonial, el «pos» no afirmaría un radical «después» de la colonia, sino que funcionaría como afirmación bajo tachadura, el prefijo como forma de hablar de la marca que la colonia impone en sociedades del presente. Ciertos exponentes del giro decolonial han sugerido la necesidad de pensar en las continuidades entre orden colonial, formación de estados nacionales y ordenamientos republicanos del presente. Por supuesto, no se trata de continuidades inalterables, sino más bien ocultadas por los discursos de quiebre de las élites criollas en los momentos genésicos de la nación latinoamericana; o continuidades aparentemente suprimidas por instauraciones performativas: mestizaje, ciudadanía, igualdad, hibiridez, república.

Sin embargo, pareciera que cuesta definir qué entendemos por «lo colonial» en cualquier caso, como si al trabajarlo como síntoma del presente, perdiera la posibilidad de ser definido al menos genealógicamente. ¿Qué es lo que continúa? ¿Qué es lo que marca? ¿Hablamos de discursividades, de invenciones sígnicas de diferencia, jerarquía, subjetividad y territorialidad? ¿Entonces la colonia es un bloque, una amalgama histórica? Por un lado, tanto el giro decolonial como la crítica poscolonial han advertido sobre la dificultad de un traslado acrítico de categorías cuando las temporalidades y regímenes imperial-coloniales desde el siglo XV al XX han sido tan diferentes. Por otro, muchos especialistas de los estudios coloniales –léase, de historiografía/literatura/archivo colonial—, han remarcado la poca o nula atención al período colonial y a sus soportes discursivos por parte de la propia crítica pos/de-colonial. Para decirlo claramente: el poco diálogo entre la crítica poscolonial y los estudios coloniales.

Si hablamos de marca, de huella colonial, de formas de colonialidad (en gestiones de poder/saber) en los mundos contemporáneos: ¿no deberíamos tomarnos más seriamente el hecho de pensar en una genealogía crítica situada del concepto de «lo colonial» para no transformarlo en una obviedad naturalizada? Hemos puesto la atención en la necesidad de aceptar, remarcar y revertir que nuestras modernidades son coloniales. Aún más, que nuestro presente lo es. Eso nos ha costado y nos sigue costando en una academia con tradiciones férreamente institucionalizadas y europeizantes que ven a «la colonia» como un momento que nada interfiere en un orden republicano que lleva doscientos años de gestación y mutación. En nuestros trabajos, los proponentes de esta convocatoria hemos intentado reposicionar la noción de que las modalidades de estatalidad, subjetivación y administración de poblaciones siguieron siendo coloniales, bajo el ropaje de estados ya no metropolitanos, pero sí tutelares, que operaron excluyendo mediante el barroco, la ambivalencia, la contradicción o la ductilidad de la ley.

Pero pensamos que aún existe poco trabajo para definir qué estamos diciendo con huella colonial, marca colonial, lo colonial, modernidad colonial, continuidad colonial. ¿Hablamos de un archivo, de modalidades de escritura, visualidades, corporalidades, imaginarios gestados en el momento colonial y que se trasladan mimetizados o parodiados modelando y gestionando cuerpos, espacios y territorialidades? ¿Entonces qué es lo que se traslada y cómo? Más aún: ¿Qué aportan los estudios coloniales para entender estos procesos? ¿Hablamos de modalidades de gestión y administración de poblaciones que operan desde jerarquías más o menos estables ligadas a la raza, al género, a la gestación del capitalismo en el período colonial y de la división internacional del trabajo después de las revoluciones industriales? ¿Entonces qué son esas modalidades coloniales y cuáles son sus mecanismos concretos de persistencia en signos, lenguajes, visualidades, corporalidades? ¿Hablamos de temporalidades que se imbrican desafiando al tiempo vacío del capital y de la nación, donde las nociones de cambio, proceso/progreso y continuidad deben ser repensadas desde otra gramática? ¿Entonces cuáles son esas figuras coloniales del tiempo presente y cómo desafían las nociones incólumes de tiempo histórico?

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Laura Catelli
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Alejandro de Oto
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